Todo un clásico de São Paulo desde 1981, Ritz demuestra que un restaurante no necesita perseguir cada nueva tendencia para seguir ocupando un lugar especial en la vida de la ciudad. Situado en la Alameda Franca, en el elegante barrio de Jardins, este bistró desenfadado de estética retro ha recibido a varias generaciones de paulistanos, entre ellas un público gay especialmente fiel. No es un restaurante exclusivamente LGBTQ+, pero desde hace años se considera uno de los establecimientos más naturalmente gay-friendly de São Paulo: abierto, animado, democrático y perfecto para quedar con amigos, tener una cita informal o empezar una noche cerca de la Avenida Paulista.
El local histórico posee una identidad visual inconfundible. El pintor brasileño Wesley Duke Lee participó en su decoración y diseñó el conocido logotipo del restaurante. Además, sus escaparates reciben periódicamente nuevas intervenciones artísticas, desde ilustraciones hasta esculturas y fotografías. El resultado es un espacio colorido, urbano y lleno de personalidad. El comedor es relativamente compacto y las mesas se encuentran bastante próximas, creando un ambiente vivo en el que siempre parece estar ocurriendo algo. Es ideal para observar a la gente, charlar y sentir el ritmo de São Paulo, aunque quizá no sea la mejor elección para quienes busquen total privacidad. En las horas más populares de comida y cena puede llenarse, así que conviene llegar temprano o consultar previamente si se aceptan reservas.
La cocina apuesta por platos reconfortantes con influencias internacionales, servidos sin la ceremonia de un restaurante gastronómico. Varias recetas se han convertido en verdaderos clásicos de la casa. Los famosos bolinhos de arroz, crujientes croquetas brasileñas de arroz, son prácticamente obligatorios para empezar y resultan perfectos para compartir. También destacan las hamburguesas elaboradas en el propio restaurante, especialmente la clásica Ritz Burger y la versión Poivre, de sabor más intenso. Otro favorito histórico es la tarta de pollo acompañada de una pequeña ensalada fresca. El menú suele completarse con platos del día y alternativas vegetarianas. Su propuesta puede parecer familiar a quienes llevan años visitándolo, pero esa constancia es precisamente una de sus virtudes.
Ritz funciona igualmente bien para tomar un cóctel, una copa de vino o una cerveza fría. Su ambiente informal resulta cómodo para viajeros solos, parejas y pequeños grupos de amigos. Las mesas compactas añaden encanto y energía al lugar, aunque una reunión numerosa requerirá algo más de organización. El servicio suele ser cercano, ágil y sin excesivos formalismos. También existe un servicio de entrega para Jardins y algunas zonas cercanas, aunque comer en el local permite disfrutar plenamente de su animada dimensión social.
Su ubicación es otro de sus grandes atractivos. Desde Alameda Franca se llega fácilmente a la Avenida Paulista, Rua Augusta, Oscar Freire y varios sectores vinculados con la cultura y la vida nocturna LGBTQ+ de São Paulo. Ritz puede ser una parada agradable durante una jornada de compras, pero resulta especialmente recomendable para cenar antes de salir por Consolação, Frei Caneca o Baixo Augusta. Unos bolinhos de arroz, una hamburguesa y un cóctel forman un excelente comienzo para la noche.
Más de cuatro décadas después de abrir sus puertas, Ritz continúa siendo acogedor, poco pretencioso y profundamente paulistano. Los viajeros gays encontrarán un público mixto e inclusivo, no una experiencia artificialmente tematizada. Ese carácter espontáneo es probablemente el secreto de su duradera popularidad. Antes de acudir, consulta la web oficial o las redes sociales del restaurante para confirmar los horarios actuales.
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