Candy Darling es uno de los bares queer más singulares de Barcelona, un espacio indie con fuerte impronta artística a pocos pasos de la Plaça de la Universitat, bautizado en honor a la superestrella transgénero de Warhol y construido tanto sobre el activismo queer como sobre la fiesta. No hay ningún cartel llamativo, solo un discreto triángulo rosa que guiña el ojo a los clubes clandestinos de antaño y da paso a un interior amplio, kitsch y glamuroso, con murales, arte queer que rota constantemente, sofás mullidos y una pista de baile diminuta, la "Wild Room." La programación es de lo más variada: drag, burlesque, circo, música en directo, poesía, bingo, mercadillos y charlas, todo ello con una banda sonora realmente buena de house y pop alternativo que se aleja de la típica música de circuito. Con cócteles peculiares y sus famosos toasties "Bikini Darling" (el Pastrami Queer, el Naturist, el Versatile), atrae a un público más joven, mixto y de todas las identidades, marcando una ruptura consciente con la energía dominada por hombres del Gaixample. Inclusivo, creativo y asequible, es un espacio seguro donde la única regla es pasártelo genial.
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