Gipsy es una histórica discoteca LGBTQ+ situada en el 4605 de Paradise Road, dentro del Fruit Loop, el barrio tradicional de la vida nocturna gay de Las Vegas. Se encuentra a pocos minutos en coche del Strip y prácticamente enfrente de Piranha Nightclub. Frente a los gigantescos clubes de los casinos, Gipsy propone una experiencia más vinculada con la comunidad queer local, aunque conserva todo el espectáculo, el brillo y la energía que se esperan de una noche en Las Vegas.
Es importante comprender que el establecimiento actual no ha permanecido abierto de forma ininterrumpida desde los años ochenta. El antiguo Gipsy pasó por distintas etapas, propietarios y cierres antes de que su edificio fuera demolido. Posteriormente se levantó una construcción completamente nueva en el mismo terreno. La versión contemporánea de Gipsy abrió en noviembre de 2023, recuperando el nombre y el legado del club histórico mediante un concepto mucho más moderno.
La historia empezó en 1981, cuando la activista LGBTQ+ y empresaria nocturna Marge Jacques fundó Gipsy. Anteriormente había dirigido Le Café, uno de los primeros bares de Las Vegas donde las parejas del mismo sexo podían bailar abiertamente. Tras la destrucción de aquel establecimiento en un incendio, Jacques creó Gipsy en el mismo lugar. El club terminó convirtiéndose en un refugio para los llamados “show kids”: artistas, bailarines y trabajadores del entretenimiento que no siempre podían mostrarse libremente en otros espacios.
Personalidades como Liberace, Siegfried y Roy o Frank Marino estuvieron relacionadas con su época de esplendor. También pasaron por su órbita célebres aliadas de la comunidad como Cher y Bette Midler. Sin embargo, su importancia no fue únicamente festiva. Gipsy apoyó la vida comunitaria y acogió una de las primeras grandes recaudaciones de fondos de Nevada frente a la crisis del sida. Este pasado concede al local una autenticidad que no puede fabricarse simplemente instalando una bola de discoteca y contratando a dos drag queens.
El nuevo espacio rinde homenaje a aquella tradición teatral mediante una decoración de tonos morados, estampados florales, palmeras metálicas, diferentes barras y un escenario preparado para espectáculos. Una gran apertura conecta una parte del interior con el patio, permitiendo que la actividad pase con naturalidad de una representación sentada a una noche de baile. El resultado es más refinado que el de un bar gay de barrio clásico, pero sigue siendo orgullosamente queer.
La programación cambia con frecuencia. Dependiendo de la fecha, puede haber espectáculos drag, cabaret, fiestas temáticas, karaoke, artistas invitados o encuentros para ver RuPaul’s Drag Race. Algunas noches empiezan con una producción organizada y terminan con la pista funcionando a pleno rendimiento. El local también ha desarrollado propuestas de brunch y restauración, incluyendo sushi, aunque conviene comprobar el servicio disponible antes de contar con una cena completa.
La clientela es principalmente LGBTQ+, pero no exclusivamente masculina. Hombres gays, lesbianas, personas trans y no binarias, artistas, residentes, turistas y amigos aliados comparten el espacio. El tipo de público depende mucho del evento. Por ese motivo, consultar el calendario no es una simple precaución práctica: también permite elegir la noche que mejor encaja con la experiencia que buscas.
Solo pueden entrar personas mayores de 21 años y es obligatorio presentar un documento oficial válido con fotografía. Los horarios, precios, reservas y entradas anticipadas varían según la programación. En cuanto a la ropa, un conjunto cómodo y arreglado suele funcionar, aunque nadie te impedirá presentarte con suficiente brillo como para ser visible desde el Strip.
Gipsy ofrece a los viajeros gays una combinación poco habitual: historia LGBTQ+, espectáculos de calidad, ambiente comunitario y una auténtica pista de baile. Puedes empezar allí la noche y continuar después por otros locales del Fruit Loop. Consulta primero la agenda oficial, porque en una casa dedicada a los “show kids” cada noche puede tener una protagonista diferente.
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