Entrenar en París no tiene por qué significar luces fluorescentes, vestuarios abarrotados y una cinta de correr frente a una pared gris. Tras una discreta entrada en la rue Saint-Sauveur se encuentra Klay, un exclusivo club deportivo donde la arquitectura industrial, el diseño sofisticado y unas completas instalaciones de fitness conviven bajo una espectacular cubierta de cristal. El club ocupa unos 2.000 metros cuadrados de una antigua fábrica del siglo XIX situada en el animado barrio de Montorgueil. Sus vigas metálicas, paredes de ladrillo, escaleras originales, muebles cuidadosamente elegidos y abundante luz natural hacen que parezca más un refugio urbano privado que un gimnasio convencional. Tu gimnasio de barrio jamás podría competir con semejante entrada en escena.
Klay no es un club exclusivamente gay ni debe confundirse con una sauna gay de París. Sin embargo, puede resultar muy atractivo para hombres gays y viajeros LGBTQ+ que quieran mantener su rutina deportiva en un entorno elegante, acogedor y perfectamente situado. Su ubicación es uno de sus principales puntos fuertes: se encuentra entre Montorgueil, Étienne Marcel y Le Marais, a poca distancia a pie de numerosos bares, tiendas, cafés y locales LGBTQ+ del centro de la capital. Puedes entrenar por la tarde, recuperarte con calma y llegar a la hora del aperitivo en Le Marais con una energía sospechosamente renovada.
El club dispone de equipamiento para ejercicios cardiovasculares y musculación, así como de espacios dedicados al entrenamiento funcional y a las clases dirigidas. Dependiendo del programa vigente y del tipo de membresía, la oferta puede incluir boxeo, cycling, yoga, pilates, acondicionamiento físico, disciplinas inspiradas en el baile y otras sesiones colectivas. También puede haber entrenamiento personal para los socios que prefieran una atención más individualizada. Aunque el diseño interior podría distraer incluso al deportista más disciplinado, Klay sigue siendo un lugar donde la gente acude realmente a entrenar. El ambiente combina energía deportiva con ese sentido parisino del estilo que consigue que hasta una mancuerna parezca un accesorio de diseño.
Otro de sus grandes atractivos es la zona de bienestar. En el nivel inferior se encuentra una piscina de iluminación tenue y ambiente casi cinematográfico, acompañada tradicionalmente por instalaciones para la recuperación y la relajación, como sauna, hammam y zona de hidromasaje. Después de una sesión exigente —o de una noche parisina que terminó bastante más tarde de lo previsto— podrás bajar el ritmo, relajar los músculos y dejar que la ciudad espere un poco. El acceso a cada instalación puede depender de la modalidad contratada y de las condiciones operativas del momento, por lo que conviene confirmar de antemano qué servicios están disponibles.
Klay funciona principalmente como un club privado para socios y no como un gimnasio convencional de entrada libre. Por tanto, los visitantes no deberían asumir que pueden presentarse en recepción y comprar automáticamente un pase de un día. Si vas a pasar poco tiempo en París, contacta previamente con el club para preguntar por posibles sesiones de prueba, invitaciones, accesos temporales o citas. Los horarios publicados actualmente son de lunes a viernes de 7:00 a 23:30, y los sábados, domingos y festivos de 8:00 a 20:00. Las clases y determinados espacios pueden seguir horarios diferentes.
Klay está situado en el número 4 bis de la rue Saint-Sauveur, en el distrito 2 de París, cerca de las estaciones Étienne Marcel, Réaumur-Sébastopol y Châtelet–Les Halles. Ya sea por el equipamiento, la piscina, la arquitectura o simplemente para observar cómo aborda la gente más chic de París el entrenamiento de piernas, Klay ofrece una de las experiencias deportivas más elegantes de la ciudad. Es lujoso sin resultar rígido, deportivo sin renunciar al diseño y lo bastante cercano a Le Marais como para integrarlo fácilmente en un itinerario gay por París. Lleva calzado adecuado, confirma las condiciones de acceso y reserva algo de tiempo adicional: salir de la zona de bienestar podría convertirse en el ejercicio más difícil del día.
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